Eutanasia: ¿Compasión u homicidio?
La eutanasia ha desencadenado varias confrontaciones en nuestra sociedad, ya que nos incumbe a todos. Cómo entender la eutanasia: ¿Como un acto de amor y compasión por la persona enferma o como un homicidio?
Según el DRAE (Diccionario de la Real Academia Española), la eutanasia se define como “acción u omisión que, para evitar sufrimientos a los pacientes desahuciados, acelera su muerte con su consentimiento o sin él”. La disyuntiva está en respetar la libertad de la persona que no quiere seguir viviendo o respetar la naturaleza humana e impedir que se muera. La cuestión que late de fondo es la siguiente: ¿Qué es antes, el bien de la persona y de la naturaleza humana o la libertad que cada individuo tiene sobre sí mismo? Antes de dar una respuesta, pondré dos ejemplos.
Imagínense que un familiar suyo de excelente salud mental concluye que quiere terminar con su vida y decide tirarse por el balcón. No creo que nadie le dijese lo siguiente: “No me gusta tu idea, pero haz lo que quieras porque yo no soy nadie para privar tu libertad”. Cualquier persona agarraría a su familiar impidiendo que se suicidara, haciéndolo por su bien. Otro ejemplo es el del carnicero alemán, donde un hombre declaró en Internet que quería comerse a alguien. Lo más grave del asunto es que hubo un voluntario, y éste se dejo comer con total libertad. Si fundamos la dignidad humana en la total libertad del hombre sobre sí mismo, no parece que este sea un acto injusto, puesto que la persona no sufrió nada que fuera contra su voluntad. Sin embargo, vemos que algo falla, que se trata de un acto que no es normal, que no es bueno.
Con lo dicho, se concluye que antes es el bien que la libertad, puesto que el fin de la libertad es el de la búsqueda de bienes y, por lo tanto, la libertad humana debe quedar subordinada al bien de la persona y de la naturaleza humana. Entonces: ¿Por qué surgen dudas? Pues porque se tiende a entender la dignidad humana, no como una cosa que se es, sino como una cosa que se tiene. Si la dignidad humana es un tener, significa que se puede perder; entonces, otorgar la primacía al bien de la naturaleza humana es absurdo; el fundamento es entonces la libertad del hombre.
A causa de esto último, se ha definido a las personas, o bien como aquello que tiene autoconciencia, o bien como aquello que tiene racionalidad. Esto es erróneo, pues en el primer caso se podría matar a una persona que duerme, puesto que no sería persona, y en el segundo caso se podrían matar a los enfermos mentales puesto que tampoco serían personas. Estas definiciones de personas son desacertadas. ¿Qué se debe entender por persona? Persona es cualquier miembro de la especie Homo sapiens desde su inicio hasta su fin, ya que la dignidad humana y la persona no el algo que se tiene y que, por lo tanto, se puede perder: la dignidad humana es algo que se es; todos somos personas.
Entender la dignidad como algo que se tiene puede acarrear serios problemas como el de la eutanasia. Desde que se consideró la posibilidad de legislarla, ha habido dos concepciones sobre ésta. La primera sería aplicarla a la vida que “no es digna” de ser vivida; la segunda a aquella vida inútil para la sociedad y cuyo cuidado se ve como una carga superflua.
En nuestro país se entiende la eutanasia según la primera definición. Sin embargo, es contradictorio hablar de “muerte digna”, ya que la muerte es lo más indigno que hay, puesto que supone la destrucción del ser. No se puede hablar de “muerte digna”, sino de “personas que afrontan su muerte con dignidad”. Por eso es indigno para la persona acelerar su muerte aunque sea para dejar de sufrir, ya que muchos miembros de la comunidad científica coinciden en que por lo general el sufrimiento extremo, si no se prolonga artificialmente, es breve. Como dice José María Pardo en su libro de "Bioética práctica", “¿Qué diría [sobre la eutanasia] Don Salvador de Stephen Hawking, que continúa realizando descubrimientos científicos y dando conferencias desde su inmovilidad en una silla de ruedas a causa de una atrofia espinal progresiva que padece?”
Hay que distinguir dos términos que se suelen confundir. Eutanasia, como hemos dicho, sería el proceso en el que se acelera la muerte. Por el contrario, la obstinación terapéutica o distanasia consiste en retardar la muerte “a toda costa”. Así pues, desde el punto de vista moral y de la dignidad humana no es lo mismo acelerar la muerte de una persona que quitarle los medios extraordinarios como las sondas naso-gástricas o las perfusiones intra-venosas, sin quitarle los cuidados básicos o naturales como la alimentación o la higiene.
Conozco un caso al respecto que es digno de mención. Es el de una chica de 22 años que tenía un tumor en la cabeza. La joven estaba desahuciada y había recibido fuertes sesiones de quimioterapia. Los padres optaron por retirar la quimioterapia (que posiblemente habría alargado el sufrimiento y la agonía de la joven), y también renunciaron a que se le aplicara una inyección letal. Lo único que se hizo fue inyectarle morfina para que no sufriese, y le proporcionaron todos los cuidados básicos o naturales para que la mujer terminara su vida del modo más feliz posible. Este ejemplo es meritorio de una gran admiración por la actuación de los padres. Desde el punto de vista ético, es lícito tomar la decisión de renunciar a unos tratamientos que procurarían sólo una prolongación precaria y penosa de la vida. Estos padres no optaron ni por la eutanasia ni por la obstinación terapéutica o distanasia. Éticamente, hicieron lo mejor que podían hacer para su hija.
Si no se solucionan todas las dudas sobre la eutanasia, podemos tener graves problemas en el futuro. Por ejemplo, puede llegar a ser visto como “inmoral” en una persona discapacitada el hecho de no querer “morir dignamente” y decidir seguir viviendo, puesto que sería una carga social. También puede llegar a ser “inmoral” no abortar cuando un hijo tiene malformaciones, ya que se perjudica a la humanidad por llevar algo “inútil”. Incluso puede ocurrir que a la gente mayor se le obligue a “morir dignamente” porque no pueden tener más aspiraciones en esta vida y porque suponen un gasto para la sociedad. De hecho ha habido casos en Holanda (un país que presume de ser pionero de leyes “modernas”) de enfermeras que inyectaban dosis letales a sus pacientes de edad avanzada. Si todo esto tiene que ocurrir en un futuro, al menos deseo que no sean mis hijos quienes me “ayuden a morir”.

--Basi dijo
me gusta la idea del "testamento vital" y debería generalizarse en todas las autonomías españolas que una vez alcanzada la mayoría de edad cada sujeto elaborara ese documento en el que expresara su voluntad por si en caso de accidente o enfermedad quedara imposibilitado de expresar su voluntad en ese momento sobre si se le aplican unos cuidados o no y se le deja con el sufrimiento de la enfermedad o se le deja morir en paz... pienso en si un joven de unos veinte años tiene un accidente de tráfico en fin de semana y queda en coma y ese coma se prolonga y se prolonga y los familiares o amigos deben decidir si dejarlo morir o intentar recuperarlo aunque le queden secuelas irreversibles que le acarrearían para siempre una vida de sufrimiento y de dolor... en esos casos debería haber un registro de "testamento vital" que habría elaborado dicho joven al cumplir la mayoría de edad y en el que explicaría claramente cuál es su voluntad en ese caso extremo... así nadie decidiría por él y se respetaría escrupulosamente la libertad de la persona, pues nadie debería decidir nada por nadie
--Basi kinburger2002@yahoo.es http://habitandoelolvido.spaces.live.com
18 Octubre 2006 | 12:59 PM